Un diario casi completo escrito por Fernanda Sanz Villegas

Martes 30 de junio de 2026

 

Hoy viene con La Siciliana CONCHI REVUELTA, y Javier Fernández Llamazares será quien la presente, hable de su trayectoria literaria y dirija la conversación. Dice Conchi Revuelta que quería contar una historia de mujeres del mar, no solo hombres que salen faenar sino también de rederas, conserveras… por eso se va a Santoña y cuenta el origen de un producto tan nuestro como las anchoas. En busca de bocartes, ya que escaseaban por sus mares, llegaron los pescadores sicilianos a finales del siglo XIX. Al principio los procesaban aquí, enseñaron la técnica de la salazón en Santoña y luego los llevaban a Sicilia o Italia para terminar el proceso. Posteriormente instalaron sus empresas y se completó la preparación de las anchoas aquí. Apunta Javier F. Llamazares que la protagonista tiene ‘marca Revuelta’, empieza desde abajo, de las rederas. La autora cuenta que ahora quedan muy pocas, es una profesión durísima y poco valorada, trabajan en condiciones muy malas de humedad y postura, en los años 50 era sentadas en el suelo o en un  banco pequeño. Teresa, la protagonista, es una chica de pueblo criada por la abuela. Es una mujer fuerte de carácter reservado.

Robert es el hijo del dueño de la conservera La Siciliana, pero nadie en el pueblo lo sabe. Hay historia de amor, aunque sugiere Javier, que es una novela costumbrista y también social.  Reconoce la autora haber trabajado anteriormente sobre fábricas de mujeres y el funcionamiento es similar a lo que había vivido en la de tabacos. Dice que “las mujeres quizá seamos más recelosas, que aparecen envidias, pero también empatizamos más y ante cualquier problema de una… somos muy piña”. Que muestra el contraste entre las chicas que trabajan y la mentalidad  rancia de quienes llevan un  apellido de renombre. Que relaciona a chica de clase baja con chico de la burguesía y plantea el choque de mentalidades tradicionales con la de la gente más joven. Por otro lado, continúa Javier, hay recreación histórica, posguerra, jerarquización de clases sociales, las mujeres siguen ocupando el centro de la historia… de hecho la autora recibió un reconocimiento por divulgar a la mujer pasiega en otra de sus novelas y en La Siciliana ha metido misterio. Entre risas dice Conchi Revuelta que hay más secreto en la fábrica que en la cola de un bocarte.

Con respecto al misterio, puso a investigar un crimen en los años 50, cuando todo era más complicado porque no había tantos instrumentos para ello ni pruebas de ADN. Anima a leerla diciendo que es una novela que juega al despiste y el ritmo se acelera. Son estrategias para mantener la atención del lector. Sorprenderte para sorprender. De su relación fluida y abundante con los lectores se siente muy satisfecha, confirma que La Siciliana ha gustado mucho y en Santoña fue bien recibida. Cuenta que la parte más bonita de la escritura del libro es la documentación y agradece todo lo que la gente  le contó  de Santoña en los años 50 para lograr  más exactitud. El tiempo de la documentación es más largo que el de escribir. Suele invertir en todo el proceso dos años. Habla de la importancia de los clubes de lectura que devuelven su manera de entenderlo aunque encuentran hasta los errores. Fue después de este libro cuando  entras en Plaza y Janés, recuerda Javier Fernández Llamazares y en esta editorial ya hay un equipo de corrección, pregunta si tiene que hacer muchos cambios. Conchi Revuelta no se siente presionada por sus correctores, en este libro únicamente querían que cambiara el título para que se llamará Las rederas de Santoña, finalmente se respetó su decisión. Sí que intervienen en los tiempos y avanza que ya se ha comprometido para el 27. Quiere Javier arrancarle alguna ‘exclusiva’ de su próximo trabajo. Solo adelanta que sucederá en  Cantabria, habrá misterio y una mujer cántabra y viajaremos. Llegamos ya al fin de este viaje y, preguntada por ello, termina la charla Conchi Revuelta asegurando que saldrían buenas series o películas de sus libros. Un gran aplauso para ella en otra tarde de lleno total.

BERNARDO ATXAGA, dice Paco Gómez Nadal, no necesita presentación aunque esta tarea, la de presentar, es encomendada a Guillermo Balbona. Dice que llegó Bernardo a Santander de la mano de ‘las Matildes’ y después ha vuelto muchas veces con ellas y a los  ‘Martes Literarios’ de la UIMP. Oberva que su último libro Golondrinas que ha sido traducido por el propio Atxaga. Que la memoria y la  culpa son temas recurrentes y en este caso la desolación de  Urtain va unida  a la mitología popular. Por qué Golondrinas en el título, pregunta Guillermo Balbona. Bernardo Atxaga dice que siempre las razones son variadas y difíciles de explicar. Añade que si tienes la tentación de escribir un libro debes hacer que todo trabaje y de las golondrinas ya tenemos un recuerdo asociado a  Bécquer y  una imagen, sabemos cómo son. Cita a Chéjov cuando aclaraba que si se quería describir un estanque no había que hablar del agua o de los árboles que estaban  alrededor… en cambio sí de  esa hoja que había caído y  ayudaría  a saber cómo es el estanque. Las golondrinas trabajan a favor del paisaje, siempre encuentran el camino de vuelta, marchan a África o van a Australia y luego vuelven. Comenta que una golondrina anillada salió de Guernica y fue encontrada en  Mali. Esta vuelta Urtain no la encontró. Asegura que la novela no es triste. Introduce Balbona la huella de Obabakoak en El hijo del acordeonista para preguntar por las razones en  un libro. Dice Bernardo Atxaga que intentar entender… es complicado, que uno no entiende ni lo que le rodea, que eso es una ilusión. Y cuando se intenta explicar el motivo por el que haces algo, a menudo se acaban  diciendo vaguedades, que la realidad es inabarcable y lo que se vive es incomprensible.

Tras un instante de pausa nos lleva al recuerdo de un viaje a Nápoles acompañando a su madre.

Allí descubrió una  ciudad extraordinaria como lo era también su Museo Arqueológico. Había, dice, un Mosaico que representaba a las  hijas de Ifigenia jugando a las tabas. «2000 años después mis primas también jugaban a las tabas en el País Vasco». A través de este juego infantil, exactamente igual dos mil años después, llegó a la conclusión de que el mundo en que nacimos es antiguo. Que los juegos y la mentalidad no eran muy distintos a los de Pompeya y por tanto en los mundos rurales no se  podía decir nada moderno, nada de Marx o Freud. No podía hablar del alma con el léxico freudiano, de ahí la incorporación de fantasmas o de animales, era más fácil hacer que un lagarto entrara  en la cabeza. Recuerda en este momento su experiencia en un pueblo de Palencia, Villamediana del Cerrato donde estuvo nueve meses sin salir por deseo propio, para escuchar y escribir y el posible trastorno maniacodepresivo que él pensaba que sufría un muchacho que allí conoció era interpretado por los vecinos como holgazanería. Le pregunta Guillermo Balbona por qué eligió a Urtain. «Como a Tolstoi aquella retama retorcida le proporcionó una historia  continuamente nos ocurren cosas y de repente una te da vueltas”. Se recrea en aquel día que paseaba por el  pueblo de Urtain se acordó de él, preguntó por su tumba en el cementerio porque no la encontraba. Ya no está, le dijeron. Así se enteró que 25 años después del enterramiento se renuevan las tumbas y si no se hace… A la cabeza le vino ‘vanidad de vanidades, todo es vanidad’, un tema tan barroco y pensaba en todo lo que había sido el personaje y ahora… Pensó que con la historia podría hacerse un reportaje, hablar de los  combates… Era una persona que deja un lugar bellísimo, cambia de paisaje, de gente, de profesión, de mujer y, al final, se queda totalmente desamparado y se suicida. En su pueblo no era bienvenido, no tenía perdón la vida de excesos que había llevado.

Es preguntado ahora por los ángeles de la novela, por la estructura las cuartillas y archivos que tiene porque según él mismo dice «cuando escribo soy muy gamberro». Bernardo agradece la  pregunta porque, sonríe, «parece que he escrito una novela normal y no lo es”. Los detalles convierten algo poético en algo trivial y por ello evita los que no le interesan. Empieza con los cuatro demonios que contemplan el enterramiento de Urtain, son una escuadra militar, son militares. Ellos le han sugerido que se tire por el balcón. «Que se joda». – Lo dice el demonio, no yo. Cuenta que los utiliza  para hablar de forma incorrecta y con lenguaje soez. Hay otro que dice estar preocupado porque hacer mal ya no le satisface… Igual que hay gente contra el amor romántico, otro de los demonios dice que el odio romántico no les conviene… O hablando del Opus Dei, un demonio  no recuerda a favor de quién estaba la organización si de lo divino o de ellos. Los personajes, admite, te permiten esa expresión más irreverente como pasa en el teatro. En cuanto a la estructura «es fundamental para el libro el orden. Hay que tener una cierta  inspiración,  pero sobre todo pensar”. Es una serie giratoria con tres enterramientos celebrados con 25 años de diferencia cada uno.

Dice ahora Bernardo que la función fundamental de la escritura es ir contra los tópicos. Por ejemplo, es un tópico hablar de la guerra para que no vuelvan a ocurrir otras o la romantización de la Castilla vaciada sin hablar de las inversiones  que no se hacen, de las que se llevan a otros lugares… Hace una reflexión que me gusta y apena. Dice que la gente empezó a huir de la poesía, eso es señal de que el lector no interioriza, busca el entretenimiento. Cuando dicen «ensayo no leo, novelas difíciles tampoco… hay una regresión, parece que todo tiene que ser con suspense». Por eso también yo tengo que meter suspense. Pero hay ahí un juego de burla. Aparte de la regresión, dice Balbona, ¿hay  autocensura? Responde que hay que ser equilibrista, como los del alambre y hay que hablar con mucho cuidado. Con gravedad afirma que, prácticamente sin que participemos, estamos asistiendo a cambios tremendos. «Primo Levi, judío no nacionalista a quien no le gustaba el sionismo, nos prevenía contra el olvido”. Le pregunta  qué se gana o se pierde en la traducción de la que esta vez se ha encargado él mismo. Reconoce que otras veces quedaba en manos de su mujer, y por circunstancias esta ha hecho él la traducción. Ha sido muy agradable y hasta se ha permitido corregirlo. Si una frase no le gustaba,  la quitaba. Para el final siempre queda el futuro.

Escribir estas novelas, dice, tiene una gran fatiga. «Tengo 74 años» y echa cuentas del tiempo que exige un libro y de los años que corren de vida. Recuerda las golondrinas que veía en la pandemia,  la que  quedó atrapada en un tubo por la garra.Las cinco que estuvieron esperando a que la soltaran y cómo en ese instante… todas se pusieron a volar. Enlaza con la foto de su escuela con 38 chicos y chicas. Daría para una historia, pero eso no se puede hacer porque no se puede contar la verdad de otros, «no tengo derecho”. Quizá pueda salir una obra de teatro con máscaras. Después nos cuenta «El caso de Felisa Rodríguez» la mujer sordociega que él hizo que escribiera el librito. Fue para él un aprendizaje, cómo una persona con una enfermedad que va perdiendo todos los sentidos, con tantas dificultades y habiendo sufrido rechazos, es capaz de luchar, es alegre y tiene un humor negro extraordinario. Bernardo Atxaga es un maravilloso contador se historias. Sus respuestas largas, circulares, concéntricas, sin final… nos han mantenido con ojos, oídos y corazón pendientes del relato.

Para acabar y como corresponde tras la historia de Felisa Rodríguez hacemos el aplauso en lengua de signos que tenemos bien ensayado. Emociona ver esta plaza llena que cada día se estira y se ensancha. ¡Qué delicia! Cuando la poesía se une a la música nos la apropiamos de otra manera, nos conquista, nos aparece, recurrimos a ella cuando la necesitamos, se nos cuela cuando menos la esperamos y no nos la sacamos de la cabeza. Es la simbiosis perfecta para sentirla íntima y propia. La hacemos nuestra. Esta noche las palabras seguidas o acunadas por una guitarra  nos acompañan. Son ÍNTIMA MORA quienes nos harán tararear o cantar estrofas o poemas completos de José Agustín Goytisolo, Lope de Vega, Alfonsina Storni, Sílvia Pérez Cruz, Regino Mateo, Víctor Jara, Silvio Rodríguez, Robe y Pedro Guerra entre otros. Distintas épocas, diversidad de temas, distintas geografías, distintas sensibilidades, distintos ritmos y una única emoción, la vibración que nos provoca el poder de las palabras. Un suave erizamiento en la piel y el sentimiento.

Nos vamos. La plaza se vacía. El equipo de Felisa aún no descansa. Queda recoger y cerrar hasta mañana.

Share