Un diario casi completo escrito por Fernanda Sanz Villegas

Sábado 27 de junio de 2026

«En la casita de Bad Bunny no se lee, en las casetas de la feria sí»

Empiezo la segunda tarde con Pilar González que dirige una deliciosa conversación con la primera autora que escucho: Luna Miguel. Una de sus primeras frases es: “Mi trabajo es leer, mi vicio también”. Cuánta exigencia, he pensado, cuando oficio y afición coinciden. Ella continúa: “La Luna lectora más despiadada es la que obliga a su hijo a leer”. Empezó con 21 años como becaria en Random House Mondadori, ahora Penguin Random House y su madre, ya fallecida, tenía una editorial independiente también desaparecida. Con esta breve nota biográfica es fácil que ser editora sea para ella un acto de amor, un enamoramiento. Defiende que con la edición pasa lo mismo que con el amor, si no eres empático con la autora, tu trabajo no valdría pues estás colándote en el mundo que otra persona ha creado. Dice que la escritura requiere todo de ti,  pero la lectura a veces también.

Pilar González pregunta qué parte física o corpórea representan para ella los libros. Luna Miguel se detiene un instante,  mira la plaza abundantemente ocupada y dice que con el calor que hace, la fiesta del Orgullo enfrente, el fútbol y tantas cosas que se podrían hacer esta tarde, elegir esto es que estás visceralmente encarada a ellos, que por eso los forramos, no los dejamos, los subrayamos o no y los cuidamos casi como bebés, protegidos y abrigados. A lo que Pilar González reacciona con un “bienvenidos al club de los locos por los libros“. Nos llevan ya a su última obra, Incensurable  y  habla de las distintas censuras y de la censura en general. Plantea la vergüenza que a veces se siente por mostrar una lectura de un autor que no corresponde con lo correcto, por falta de modernidad. Se hace entonces una doble pregunta: ¿Cómo puede ser que una comunidad de lectoras castigue por leer Houellebecq? ¿Cuántas cosas dejamos de lado por querer formar parte de la comunidad? “Censurar —dice— a veces es ignorar,  no querer escuchar del mismo modo que un momento de opresión puede surgir de un error y no de algo malvado”.

Le pregunta Pilar González  cómo surge el clic de Lolita y ella responde que supone que de la rabia recordando a Rosario Ferré,  escritora de Puerto Rico, y de qué manera gracias a la rabia se  han escrito cosas maravillosas. Explica que las lecturas de y sobre Nabokov han originado posturas morales ajenas a él, que ha sido manoseado y su obra baboseda hasta convertirlo en un mito gustoso para debatir  igual que se manosea la literatura para posicionarla a un lado u otro. Lolita le interesa y dice que le ha perseguido, durante un tiempo fue un insulto, cuando la llamaban «la Lolita de la literatura”. Asegura que su relectura es la verdadera lectura de Nabokov, que una relectura es entre hermoso y egoísta y se halla placer en descubrir las sombras. No siempre se acepta o entienden las relecturas, seguro que se entiende mejor, dice, a quienes se sientan otra vez a ver la serie de Friends que si relees Madame Bovary. Habla de su trabajo en el club de lectura  descubriendo libros de mujeres y una vez al año se elige uno de machos porque también es interesante leer a esos machos  y  hacerles preguntas. Reivindica su libro El coloquio de las perras, título robado a Rosario Ferré y recuerda que cuando lo escribió había mucho desconocimiento, después llegaron el Me too y muchos movimientos  más para que ahora podamos disfrutar de toda la obra de Elena Garro, una de las madres del realismo mágico. Por eso, «ese panfleto que escribí rabiosa, creo que sirvió de algo”.

La conversación gira hacia el canon literario contra el que Luna Miguel se ha manifestado aunque reconoce ser la amante número uno del canon. Reconoce la labor de Cátedra o Alianza que han publicado todo lo canónico, pero hay que descubrir que en cada época hubo otros y otras que quedaron en el desconocimiento. Considera el canon como un edificio mutante  y si no se puede agitar no es nada porque «estamos en un momento de agitación bastante sexi”. Todo cambia cuando abrimos los ojos y leemos más allá de lo que nos dicen que debemos leer. Nuevamente surge otra reflexión para detenernos. «A veces invitamos poco a leer”. Y sigue: “Si a un adolescente más allá de conocer la cultura de su patria o región le enseñamos Pizarnik, El guardián entre el centeno, manga… Si en vez de esto le decimos que más le valdría estar leyendo El Quijote, la reacción será contraria a lo que suponíamos perseguir. Con ese paternalismo y si no hay honestidad y empatía no hay nada”.

La escuela me vuelve a venir a la cabeza. Anuncia que acaba de terminar un poemario. Confiesa que es incapaz de escribir si no se pone retos, consignas locas… si no fuera así  estaría viendo Instagram o buscando en la locura de internet. Como «reto» le pide Pilar González definir este momento, que tantas personas se hayan juntado en esta plaza para escucharla hablar de su trabajo. Una pausa para la elección y… la palabra sería Placer. Sobre el otro lado de la lectura dice: “Conocer una lectora es conocer a alguien que está creando algo a partir de lo que tú has hecho”. Va llegando el final de esta charla llena de ideas sobre las que ahondar y posicionarse y no se resiste Luna Miguel  a contar el caso que contó Bárbara Blasco de un escritor afamado que  acosaba a una alumna y, además, le robó la idea de escritura a la chica. «Esto es censura íntima, ha habido violencia previa. Posiblemente el libro que quiero reivindicar no existe porque a su autora no le han dejado terminarlo”. Le queda la última pregunta: “¿Qué te gustaría que sacará una niña de un libro tuyo?”. Sin dudarlo, Luna Miguel responde: “la bibliografía. Poner un ladrillito más en su biblioteca”. Pilar González cierra este encuentro lleno de preguntas y de invitaciones a la reacción  diciendo: «En la casita de Bad Bunny no se lee, en las casetas de la feria sí».

La plaza se sigue llenando y llega ahora María Oruña, presentada por Pilar Ruiz. María Oruña es de Vigo pero su padre y la familia  paterna son de aquí, de Cantabria. Hoy viene a presentar La cámara de las maravillas, y explica que cuando estaba escribiendo El albatros negro, que era de arqueología subacuática, descubrió que en la policía existe la Brigada de Patrimonio Histórico y esto hizo que se lanzara a esta historia de corte clásico y ladrón de guante blanco para la que tuvo que aprender mucho de Arte debido a que son muchos oficios los que intervienen en el Arte y debía conocerlos para saber qué iba a contar. Recalca que ha sido una novela disfrutona de escribir, que tiene crimen y robo ya en el primer capítulo, que los capítulos son cortos y esto le da agilidad. A diferencia de otras de sus novelas, esta está ambientada en Madrid, en el Palacio Dorado que es el palacio de Linares, hoy Casa de América. Elegir este palacio fue después de visitar muchos y el de Linares fue el que mejor encajaba con la historia. A pesar de que se siente más cómoda en el norte, lo que más conoce, para Arte necesitaba una ciudad en la que se pudiera desarrollar una trama como esta.

Desentraña brevemente la trama del libro, los personajes que aparecen  y los temas que se abordan que constituyen un auténtico debate: qué es el Arte, el precio de una obra de arte, la legalidad y la ética, las obras apropiadas en situaciones de imperialismo colonial o de guerra, las obras expuestas en museos europeos como el Museo Británico que generan, por su procedencia, conflictos diplomáticos y políticos.

Preguntada por los robos por encargo contesta que no existen, que no es amor al arte ni codicia por algo determinado sino alcanzar un estatus de exclusividad, poder distinguirse entre los suyos de algo realmente único. Esa diferencia que da singularidad entre algunas élites. Son temas todos que animan a la discusión  ya que discurren por la historia, las élites y los estados, que se revisten en muchos casos de legitimidad y que deberían revisarse para actualizar desde la ética  esa inmunidad abusiva, el expolio. Volviendo a los personajes, todos los nombres dan pistas, es un aviso para quien todavía no haya leído la novela. Una novela en la que todos están representados: la élite y el ladrón de guante blanco pues insiste en que es un libro muy elegante y se busca averiguar quién es el villano sin perjuicio de adentrarnos en el mundo del Arte.

Además de visitar palacios, recorrió muchos museos en la fase de documentación no sólo para ver los cuadros sino, sobre todo, para observar a los visitantes, ver de dónde de procedían, de qué estamento social, en qué cuadros se paraban,… y así se fijó que en el Reina Sofía la gente  se hacía la foto en el Guernica, sí, pero se paraban ante un cuadro inmenso de una pintora,  Ángeles Santos , que pintó Un mundo y tiene un gran poder de atracción sobre el público.

 

Enlazo ahora con lo que antes decía Luna Miguel de las mujeres creadoras desconocidas y pienso cuánto queda por hacer en igualdad y visibilidad. Vamos hacia el final  y alguna pincelada de intereses o gustos de la autora, dice que le interesan los temas de ciencia forense o psiquiátrica, que es muy intuitiva pero no cree en nada que no explique la Ciencia a propósito de los fantasmas del palacio de Linares, que es ecléctica y muy exigente en sus lecturas, que lee mucho ensayo histórico o científico y que la búsqueda entre los lectores de un equilibrio entre el bien y el mal es lo que hace que tengan éxito las novelas de misterio. Entre sus autores están Mikel Santiago, Rosa Montero, Pierre Lemaitre con su Nos vemos allá arriba, Del color de la leche de Nell Leyshon o Isabel Allende. Así termina este tiempo de intriga, misterio y arte. Termina diciendo: «La magia está en lo que se lee, no en lo que se escribe”. El mensaje es claro. Leamos.

Queda la noche que se asoma con música y poesía, Ciudad Sal. Genialogías es un grupo de poetas Nieves Álvarez, Maru Bernal, Marisa Campo, Dori Campos, Ana Garcia Negrete, Rosario de Gorostegui, Elda Lavín y Raquel Serdio, no sé si me falta alguna, rescatadoras de poesía de mujeres abandonadas en el olvido de la Historia y con su voz llenan de metáforas y versos la noche cálida y apacible. A veces sucede, suena la ciudad, la ciudad de sal, la bahía, Charlie Parker vs. Julio Cortázar, el Green Club, una Franja al final de un poema que se me antoja con mayúscula y todo… Todo bajo tu techo que es el nuestro en estas noches felices y compartidas de Felisa. Un cuarteto de jazz (clarinete, batería, contrabajo y piano) nos marcan un ritmo que invita al seguimiento con el cuerpo y también el pensamiento, más íntimo y ensimismado. Después de las referencias poéticas al mar y con la música todavía endulzando la noche, la luna, el faro de mar y tierra,  se ha redondeado. Encendida nos alumbra de  camino a casa.

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