Un diario casi completo escrito por Fernanda Sanz Villegas
Viernes 26 de junio de 2026
¿Qué te hace latir? A mí… una música, un encuentro, un recuerdo, una película, un teatro, una espera, un paisaje, un sonido de mar, también de monte o de plaza llena, un libro. Sí, un libro y una palabra como esas que dan nombre a esta plaza tan vital y única que anuncia el verano con la feria de libro más comprometida y cercana, plural y diversa, cultural y entretenida que conozco. Felisa, con f de fiel y de felicidad, nos espera para compartir, descubrir, escuchar, disfrutar y vivir unos cuantos días que sabemos serán inolvidables e imperdibles. Por todo lo que nos da, gracias a la organización por intentar satisfacer tanta diversidad de sensibilidades, por ofrecernos un espectáculo de libros, música, pensamiento, reflexión y convivencia tan extraordinario. Gracias por este latido que se acelera en mayo cuando se espera su llamada, se intensifica cuando sale el programa y se descontrola cuando no sabes qué elegir porque te interesan tantas. Gracias por convocar ese poder de acompasar latidos.
Hoy, 11 meses y pico después, Felisa llega tropical, con tanto calor que no hay abanico que la enfríe un poco. Llego a ella cuando todo se prepara para escuchar a Míriam Reyes. El primer recuerdo con abrazo es para Venezuela. En este tiempo tan agresivo e imprevisible, hasta la tierra se revuelve y tiembla violentamente. Siguen buscando personas bajo los escombros con la desolación que dejan estos movimientos tan destructivos. Y tras manifestar la solidaridad a este pueblo, recibimos a Míriam Reyes, poeta y ganadora del Premio Nacional de Poesía. Dice que ella no suele poner epígrafes, pero en esta sí. Recupera para ello una frase de María Fernanda Palacios, a la que considera su maestra, para arrancar su primera novela, La edad infinita. Ana García Negrete, que se encarga de dirigir esta conversación, hace un recorrido por toda la obra poética e invita a Míriam Reyes a leernos uno de Con, su último poemario. Elige el primero y no lo lee, se pone de pie para vivírnoslo. La poeta lo siente, dice, como una ofrenda y yo rescato estos versos:
«Veo con consciencia de límite y horizonte»
«Mastico la posibilidad de flotar y de hundirme”

Y así, con estas palabras flotando y buscando un acomodo duradero, entramos ya en La edad infinita, una obra con exigencia, con depuración, con ritmo, que asegura Ana García Negrete no nos arrepentiremos de haber elegido. Así nos va animando a entrar en ella: es un viaje en el tiempo, recorrer el crecimiento de una niña hasta la edad adulta. Y aparecen los pronombres, el Yo, el Ella, el Tú que es un lugar y ese tendrá nombre porque las personas en el libro no se nombran, sí los lugares. La edad… nos hablará del proceso de transformación migratorio, de la alteralidad, del nosotros vs. ellos. De un Nosotros que puede acogernos, darnos tanto, pero por el que hay que pagar un precio importante, la separación. Del proceso transformativo tanto de la persona como del lugar, en este caso Venezuela. Es tan oportuno, tan necesario hablar en este momento de migración y migrantes, de desarraigo y pertenencia, en este mundo tan disparatado que estamos viviendo y esperemos seamos capaces de contener en esta, cada vez más honda, deshumanización. Desde los ojos de una niña, con una identidad que, como dice Míriam Reyes, siempre está en construcción, pero de pequeña te puedes transformar de una forma menos fracturada, no sin dolor pues primero se van los padres, luego muestra la unificación familiar y ahí surge la soledad y el desarraigo al desaparecer la Red que mantenía y protegía a la niña. Una niña vive en presente continuo y aparece el pasado cuando cambias su realidad.
«Procedo no de la casa sino del abrazo de los abuelos”
Más palabras que estremecen en este viaje por el que vamos transcurriendo desde una plaza cada vez más llena, nos va dejando el corazón oprimido, el latido acelerado, el miedo, la angustia nos va traspasando y me llegan tantísimas imágenes de migrantes en condiciones infrahumanas y los sonoros argumentos de señores de la política que quieren inocular el virus del desprecio y la expulsión.
Sigue la charla, haciendo historia de migrantes, desde Galicia, de cuando se perdía la vida anterior por la ilusión de una oportunidad. No, no es un viaje de exploración, no es conocer mundo, se trata de vivir. Nos habla de la importancia del lenguaje y de nombrar, de disfrutar de otra sonoridad, de registrar nuevo vocabulario y de esta diversidad hacer celebración porque siempre enriquece. Es necesaria la flexibilidad para que haya adaptabilidad, dice. Y nos recuerda el carácter cíclico de estos movimientos migratorios, pues Venezuela fue país de acogida durante casi todo el siglo XX y de éxodo en el XXI, casi al revés que España. Los migrantes con pocos recursos son los que siempre y en cualquier momento de la Historia desempeñaron los trabajos que no querían los del lugar por motivo económico o de clase, nada más. Insiste en que es literatura, que no son memorias y que no la busquemos a ella sino cada una a sí misma. Así, con preguntas, con seguridades de conciencia y más poesía termina mi primera hora de Felisa.
Paco Gómez Nadal sube al escenario y hace referencia al vínculo de Santander y Cantabria con América latina para presentar a Juan Gabriel Vásquez. Y llega Colombia y Colombia en los libros de ficción. Hacen referencia al legado de la generación del Boom, que salía de las sombras. Miraban hacia fuera en sus novelas. Por eso Juan Gabriel dice que a él lo que le importa es eso, hacerse preguntas sobre Colombia, sobre ideas, emociones, momentos sociales, entender y transcender la frontera del país. Y recuerda una cita de Tolstoi: «describe tu aldea y hablarás del mundo”. Por eso y porque cree en la literatura como lugar de encuentro dice que cada uno escribe sobre su lugar porque son los lugares que creemos conocer, pero realmente nos sorprenden, porque hay sombras y desconocimiento, por eso sorprende.

Paco le lleva a los orígenes, a la pasión por la escritura firme y segura desde el principio. Insiste en que lo tuvo muy claro desde joven aunque no estaba en sus coordenadas sociales ser escritor pues sus padres eran abogados y esa carrera inició hasta que se dio cuenta de que escribir era mucho más necesario, era una vocación, una obsesión y fue entonces cuando lo dejó y fue apartando de su camino todo aquello que estorbara para dedicarse a lo que más deseaba. Su viaje comenzó a los 23 años cuando salió de Colombia para ir a París, ese lugar mítico para un aprendiz de escritor. Todos los grandes habían pasado por esta ciudad. Ahí nos desveló que él fue a París persiguiendo un fantasma literario y también se fue de Colombia escapando de un lugar violento y de todas las situaciones de guerra y terror a las que llevó Pablo Escobar. Después de París, llegó Bélgica, Barcelona y fue en esta última donde llegó en 1999 con la determinación de ganarse la vida con la escritura, no obstante se dedicó a muchísimos oficios y tareas destacando entre todas la de traductor ya que llegas a conocer el texto mejor que el propio autor y lo considera uno de los fenómenos más importantes de la Historia, poder leer lo que otras personas descubrieron, inventaron, explicaron en otras lenguas.
Tras estas aclaraciones a cómo empezó todo nos dice el motivo que le llevó a la escritura: la curiosidad por una vida ajena, ya sea un director de cine o una escultora hija de judíos que nació en el 33 y hablaba de libertad. Dice que no inventa historias para estas novelas que las vidas están ahí y le gusta transmitir su apasionamiento por ellas, la imaginación la utilizará para extraer lo más interesante, para darles forma. Se considera un afortunado por dedicarse a esto que precisa de oficio y aprendizaje, que consiste en utilizar una materia que está ahí para hacer algo que no está.
Le pregunta Paco Gómez Nadal si hay víctimas colaterales y ángeles protectores en este camino y expresa su gratitud a un inventario de personas que no nombra, sí la lealtad de 25 años con la misma editora y agente y que trata de reponer ese agradecimiento con la gente que comienza.
Insiste en la idea de la literatura como lugar de amistad, de lo que no me cabe duda al ver esta plaza ampliada y rebosante de personas que venimos desde todas las esquinas de convencimiento, simpatías, ideología, apreciaciones unidas por la magia, aunque Juan Gabriel no sepa de hadas, y escuchamos con atención y eligiendo las palabras y argumentos que a cada una cada uno nos encajen mejor. Yo, como él, estoy también convencida de las virtudes de la “contaminación». Y volviendo a los ángeles protectores cuenta que conoció a sus maestros, a Carlos Fuentes y a Mario Vargas Llosa que junto con Gabriel García Márquez le metieron esta obsesión en la cabeza. Con ellos establece una relación de admiración y algo parecido a la amistad.
Al volver a hablar del Boom, es preguntado por su literatura que aunque bebe de ellos es muy diferente. Afirma que efectivamente viene de un país con una figura omnipotente, pero el realismo mágico no es algo que te venga por procedencia. Habla de sus preocupaciones, sus demonios para hacer literatura y quiénes le sirvieron más, Vargas Llosa, Philips Rot o Joseph Conrad. La tradición concebida como caja de herramientas de la que extraes justo lo que necesitas en cada momento.
A la pregunta de la elección de género responde que las historias siempre parten de un encuentro, una historia misteriosa y cada una pide una forma: novela o cuento. Lejos de la definición de cuento que hacía Horacio Quiroga que lo veía como una novela depurada de ripio, él ve un cuento como un artefacto preciso y asegura que muchas novelas salieron de un cuento, están sujetos a procesos impredecibles. Como dijo Marguerite Duras, «escribimos para saber qué escribirías si escribiéramos”. Tras este detallado recorrido por el proceso de escritura y la pausa en alguna de sus obras, hacemos parada en Esto ha sucedido, una recopilación de artículos de El País de los últimos cinco años . Pide Paco que explique el título y dice que es una línea de La Peste de Camus. La eligió porque nuestro mundo ha cambiado tanto que ya no se puede decir «esto ha sucedido». Pone el ejemplo de los agentes del ICE que tras asesinar a la mujer de 37 años no dijeron que huía sino que iba hacia ellos y por eso dispararon. Del mismo modo que cambiaron la versión del motivo por el que también mataron al enfermero. Lo que sucedió ante las cámaras no fue lo que sucedió para la Administración Trump. Hemos perdido la noción de realidad común.
A mí también me resulta inquietante y peligroso, también me asusta esta grieta afilada, profunda y estudiada que está dividiendo la opinión y percepción de la realidad para la mayoría de la sociedad. Aparecen en este punto los algoritmos que eligen qué «información» hacernos llegar según intereses, prioridades. De esta forma se configuran sociedades más polarizadas en las que perdemos la capacidad de dialogar y los posicionamientos son más distantes y agresivos. Habla de la rentabilidad de la polarización y nos cuenta lo de la venta de Coca cola que menciona Giuliano da Empoli en su libro La hora de los depredadores. Ante la consulta de cómo elevar la venta de coca cola en una sala de cine, la empresa tradicional propondrá poner más anuncios, la manipuladora subirá la temperatura de la sala para que se sienta más sed. Tras esta realidad preocupante y rara dice que en el libro también hay lugar para el optimismo que hablan de los libros , el cine o la música que le gustan. Antes de llegar al final la realidad se impone y quedan dos preguntas, la primera sobre las recientes elecciones de su país, Colombia. Elegir a un presidente violento, dice, puede deberse a que el último gobierno fue corrupto, incompetente y divisivo. Si este factor no hubiera entrado en juego, sería más preocupante todavía. Un presidente, el nuevo, que ha montado su campaña con una alianza con el trumpismo, basándose además en la homofobia, la misoginia, el peor machismo. Concluye que se esperan cuatro años que pueden ser difíciles y tensos.
Y la última pregunta, sin obligatoriedad de responder —dice Paco— es cómo ve este país. Acepta el reto y responde que en España hay un vacío enorme entre las redes sociales y la vida cotidiana, un abismo entre el odio y la crispación y la solidaridad y ayuda que se ve en la calle, pues afirma que la sociedad española es generosa y solidaria y tiene sentido común. Respiro y me quedo con esta esperanza, a ver si somos capaces de resistir el derribo que traen redes y algoritmos. Para acabar expone un deseo sobre su obra:»Me gustaría que se quedaran con que han descubierto algo de ustedes que no conocían porque son novelas sobre seres humanos». Para él es un privilegio ser escritor, para nosotr@s escucharlo en esta plaza tan llena, la primera tarde de Felisa.
El anuncio de la exposición de Felisas en la Biblioteca Central despide a Juan Gabriel Vásquez. Un aplauso cerrado y «traducido» a lengua de signos por todo el público pone el punto final. La charla también ha sido traducida, una incorporación más a esta Felisa con vocación de atender a todas las diversidades.
La noche nos trae al Trío Littera, tres jóvenes músicos de gran trayectoria internacional que nos invitan a escuchar música con dosis de alquimia y poción musical: Esencia de Granados, de ópera italiana, aceite de Falla, Anís Asturiana. Y, entre risas y desparpajo de juventud, escuchamos y nos relajamos de intensidades aritméticas. Entra al final a escena Escolanía de Astillero que con voces tiernas y cálidas me traen recuerdos de escuela, esa que me ocupó la mayor parte de mi vida. Unir las voces para que hacer una común y con melodía seductora y armonía perfecta para que no nos colonicen los algoritmos. Encantada de formar parte de esta tribu que se asoma a Felisa cada año, que se amplía y se expande y disfrutamos con su latido.


